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Sobre el autor

Consultora de Innovación - Ana es licenciada en Biotecnología por la Universidad Politécnica de Madrid (ES) y tiene un máster especializado en Biotecnología Industrial por la Universidad Autónoma de Madrid (ES). En octubre de 2022, Ana continuará su formación en economía circular con un Máster en Economía Circular e Innovación en la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Antes de incorporarse a Innovarum, ha trabajado en diferentes empresas como Consultora de Innovación en Reino Unido y Barcelona. Gracias a su formación y experiencia internacional, ha desarrollado una gran pasión por la innovación como forma de abordar los retos medioambientales actuales.

La agricultura es uno de los sectores más vulnerables a los efectos del cambio climático debido a su gran dependencia de las condiciones climáticas. Por esta razón, los sistemas agroalimentarios se enfrentan a una presión cada vez mayor para cambiar la producción hacia sistemas más resilientes, capaces de adaptarse a los efectos perjudiciales del cambio climático, sin dejar de garantizar un suministro suficiente de productos alimenticios para una población mundial en crecimiento, que se espera que alcance los 9.700 millones en 2050, según la FAO. Por estas razones, la resiliencia agrícola se encuentra entre las principales prioridades de la investigación en estos momentos.

Los efectos del cambio climático en el suministro de alimentos son todavía inciertos. Sin embargo, algunos de los efectos perjudiciales previstos son los siguientes: alto riesgo de sequías, altas temperaturas, reducción de la productividad de los cultivos (por ejemplo, el rendimiento del trigo podría disminuir hasta un 50%), degradación de la tierra y contaminación del suelo, alto riesgo de incendios, inflación de la energía (lo que afectaría al riego de los cultivos, altamente utilizado en Europa).

Objetivos sostenibles para 2030

En este escenario, y con el fin de garantizar la resistencia y sostenibilidad de los sistemas agrícolas frente a los efectos del cambio climático, la UE ha establecido los siguientes objetivos para 2030 como parte del Pacto Verde Europeo, la Estrategia «Farm-to-fork» y la Estrategia de Biodiversidad.

  • Reducir en un 50% el uso total de plaguicidas químicos y plaguicidas más peligrosos.
  • Reducir en un 50% las pérdidas de nutrientes (garantizando que no se deteriore la fertilidad del suelo).
  • Reducir en un 20% el uso de fertilizantes à lograr que el 25% de las tierras agrícolas de la UE estén bajo.

Durante los últimos años, el monocultivo se ha desarrollado ampliamente en los últimos siglos en respuesta a la creciente demanda de alimentos, ya que resulta en un mayor rendimiento de la producción de cultivos, es más fácil de manejar y genera beneficios económicos muy rápidamente. Sin embargo, en los últimos años se ha demostrado que, en este escenario crítico, la diversificación de cultivos parece ser una alternativa viable para garantizar la producción sostenible de cultivos y asegurar la cadena de suministro de alimentos en los próximos años.

El potencial de diversificar cultivos

La diversificación de cultivos se define como la introducción de más de un cultivo en la misma área y es una gran oportunidad para la adaptación al cambio climático, ya que proporciona beneficios ambientales tales como: gestión de plagas, atracción de polinizadores, reducción de la erosión del suelo, conservación de la biodiversidad del suelo, reduciendo así las necesidades de insumos para los cultivos (por ejemplo, pesticidas), al tiempo que aumenta los ingresos brutos. Por estas razones, la diversificación de cultivos se considera una buena alternativa a los monocultivos para acelerar la transición del sector agroalimentario en la lucha contra cambio climático. Por ejemplo, la inclusión de leguminosas en la rotación reduce el gasto en fertilizantes nitrogenados o la adición de cultivos a la rotación, lo que provoca menos problemas de plagas y reduce el gasto en pesticidas (Crop Diversification, 2023).

Sin embargo, a pesar de los beneficios demostrados de la diversificación de cultivos, su adopción en Europa sigue siendo baja, ya que en 2014 solo el 1,5 % de la tierra cultivable en Europa se destinó al cultivo de leguminosas de grano, que constituyen uno de los principales cultivos emblemáticos de la diversificación, mientras que a nivel global se cultivan en el 14,5 % de la tierra cultivable.

Por lo tanto, es muy necesario aumentar la investigación en diversificación de cultivos en Europa para pasar de los sistemas tradicionales de monocultivo a sistemas agrícolas más diversificados con el fin de garantizar la resiliencia de la cadena alimentaria y la adaptación al cambio climático en los próximos años.

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