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Contenido elaborado por el equipo Innovarum con aportaciones de distintos miembros del equipo.

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Se estima que la población mundial alcanzará entre 9.000 y 10.000 millones de personas para el año 2050, lo que plantea una necesidad urgente de contar con opciones alimentarias sostenibles, saludables y nutritivas—especialmente en lo que se refiere a las fuentes de proteína. Al mismo tiempo, los sistemas alimentarios actuales contribuyen significativamente a problemas medioambientales como las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.

En respuesta a la creciente demanda global de alimentos sostenibles, están surgiendo numerosas alternativas innovadoras a las proteínas tradicionales de origen animal. Entre ellas se incluyen las obtenidas a partir de insectos, microorganismos, carne cultivada en laboratorio, ingredientes marinos, y, especialmente, opciones de origen vegetal plant-based, que actualmente lideran el mercado.

Aunque estas tecnologías se encuentran en diferentes niveles de madurez, las proteínas vegetales son hoy por hoy las más aceptadas por los consumidores y las que más inversión están atrayendo. Sin embargo, incluso este sector tan prometedor se enfrenta a desafíos importantes: desde mejorar el sabor y el perfil nutricional, hasta reducir costes y responder a las expectativas culturales en torno a la alimentación.

Ante los crecientes desafíos en nutrición, sostenibilidad y eficiencia en el uso de recursos, la Unión Europea (UE) ha actualizado su Estrategia de Bioeconomía para promover un enfoque más equilibrado que favorezca el crecimiento económico, el bienestar social y la protección del medio ambiente. Esta estrategia está alineada con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Una bioeconomía sostenible, basada en los principios de la economía circular, ofrece un marco eficaz para abordar problemas como el desperdicio de alimentos, la escasez de recursos y la ineficiencia en los sistemas de producción. A través de esta estrategia, la UE impulsa innovaciones que transforman subproductos agrícolas, materiales vegetales infrautilizados y otros recursos naturales en valiosos insumos, apoyando tanto la sostenibilidad como el crecimiento económico.

Proyectos como Like-A-Pro y Sustain-a-Bite están llevando esta visión a la práctica, desarrollando soluciones escalables, accesibles para el consumidor y eficientes en el uso de recursos que abordan desafíos clave en la producción de alimentos vegetales, como los costos, la aceptación del consumidor y la sostenibilidad.

Construir un sistema alimentario preparado para el futuro requerirá no solo innovación, sino también colaboración entre sectores y una visión compartida hacia un modelo alimentario más sostenible.