Sobre el autor

Camila es Doctora en Endocrinología y Nutrición por la Universidade de Vigo. Posee un Máster en Nutrición y es Licenciada en Nutrición. Su carrera investigadora se ha centrado en el estudio de proteínas alternativas derivadas de subproductos con fines de alimentación humana, poniendo especial énfasis en el metabolismo y el perfil nutricional de estos ingredientes. Su trabajo se ha desarrollado en un entorno de investigación multidisciplinario, lo que le ha permitido adquirir una comprensión profunda de cómo estos productos pueden contribuir a una nutrición más sostenible y saludable. De cara a su futuro profesional, Camila aspira a impulsar soluciones innovadoras para mejorar la salud, combinando sus conocimientos científicos con su formación en la gestión y promoción de proyectos de I+D+i nacionales e internacionales.

Newsletter

Intereses:

Son las 18:00h. Paras en el supermercado de camino a casa. Metes en la cesta un yogur proteico con sabor a fresa, un paquete de fiambre de pavo “bajo en grasa” y un análogo vegetal de carne. Parecen opciones saludables y prácticas, pero ¿son tan buenas como parecen?

Hoy en día, nuestras elecciones alimentarias están influenciadas por mucho más que las etiquetas nutricionales. Intervienen nuestras emociones, valores personales, hábitos, la falta de tiempo y la enorme cantidad de información que encontramos online, que no siempre está respaldada por evidencia científica. Entre todos los debates que existen en torno a la alimentación, pocos términos generan tanta atención como el de alimentos ultraprocesados (AUPs). Para algunas personas, el concepto enciende alarmas de inmediato; para otras, resulta vago o poco consistente. Y para muchas, simplemente no encaja con lo que ven en los estantes del supermercado cada día.

Entonces, ¿dónde deja esto al consumidor? A pesar de la atención que reciben los AUPs, muchos europeos siguen sin tener claro qué son realmente, cómo identificarlos o hasta qué punto deberían preocuparles.

Cómo se entienden —y malinterpretan— los AUPs en Europa

Un estudio reciente de EIT Food Consumer Observatory, basado en encuestas a casi 10.000 personas en 17 países y un foro ciudadano de 300 participantes, muestra que los europeos siguen teniendo dificultades para evaluar hasta qué punto están procesados los alimentos que consumen.1

Cuando se les pregunta, los consumidores suelen describir los AUPs como alimentos que pasan por múltiples etapas industriales y que contienen ingredientes como aromatizantes, edulcorantes artificiales, conservantes o emulsionantes. Aproximadamente dos tercios dicen que no les gusta ver ingredientes desconocidos en las etiquetas, pero solo un poco más de la mitad intenta realmente evitar los AUPs. Curiosamente, quienes ya siguen patrones de alimentación más saludables están mucho más motivados para alejarlos de su dieta. Otros reconocen que, aunque los aditivos les incomodan en teoría, esa preocupación rara vez cambia sus decisiones de compra. Para la mayoría, el nivel de procesado no es un criterio relevante en el momento de elegir qué alimentos llevarse a casa.

Esta desconexión explica por qué los AUPs pasan tan desapercibidos en la dieta cotidiana. Solo el 16% de los europeos afirma consumirlos cinco o más veces por semana, aunque muchos alimentos habituales —cereales de desayuno, barritas, refrescos, pizzas congeladas— entran en esta categoría. Los adultos jóvenes (18–34 años) declaran consumir más AUPs a diario, pero los datos cualitativos sugieren que todas las franjas de edad tienden a subestimar su dependencia de estos productos.

La conveniencia sigue siendo el motor más potente del consumo de AUPs. Alrededor del 41% de los europeos cree que los AUPs ahorran tiempo en comparación con alimentos mínimamente procesados, una percepción aún más común entre quienes intentan llevar una alimentación más saludable. Y fuera de casa, los AUPs son casi inevitables: cuando vamos con prisa, viajamos o tenemos pocas opciones, es fácil recurrir a comidas o snacks envasados y listos para consumir.

Recomendaciones: ayudar a los consumidores a comprender los AUPs

Los resultados del EIT Food muestran que, aunque los consumidores intentan tomar decisiones informadas, muchos todavía tienen dificultades para reconocer el nivel de procesado de los alimentos que consumen. Algunas acciones concretas podrían ayudar a reducir esta brecha. Las autoridades sanitarias pueden ofrecer definiciones más claras de qué se considera “ultraprocesado”, explicar mejor sus posibles implicaciones para la salud en el contexto de las decisiones del día a día, e invertir en una educación alimentaria más sólida que enseñe a interpretar correctamente las etiquetas.

Por su parte, los fabricantes pueden avanzar hacia listas de ingredientes más simples, especialmente en productos vegetales, que muchos compradores ya perciben como altamente procesados. Los distribuidores también pueden contribuir dando más visibilidad a opciones mínimamente procesadas y limitando la promoción de productos muy procesados.

Una orientación más clara y una mejor educación alimentaria pueden transformar un entorno alimentario confuso en uno que favorezca decisiones cotidianas más seguras y conscientes. Al fin y al cabo, la alimentación forma parte de nuestra vida diaria, y es importante saber qué estamos consumiendo.